Reconocimiento UNICEF

Cuando pequeño, soplar un diente de león me hacía sentir poderoso. Recuerdo que el diccionario Larousse de mi papá tenía en su portada una bella mujer esparciendo con sus labios esos helicópteros pequeños, y alrededor decía “siembro a los cuatro vientos”. (Eso me impresionó mucho, porque papá me contaba que el señor Larousse tuvo embolia y nunca pudo ver impreso su primer diccionario)

Ahora, con la edad y una percepción cuántica de la realidad, veo que no estaba alejado de la verdad: somos poderosos y podemos sembrar sueños y esperanzas a los cuatro vientos.

Siempre dijimos que quienes tienen alguna discapacidad eran los olvidados de entre los olvidados. Y nos dolía constatar que entre ellos hay otros más olvidados aún por su condición de mujer, y peor todavía, si son niños.

Decidimos entonces sembrar el país de solidaridad; una solidaridad con todos, sin excepción. Demostrar que la discapacidad no es incapacidad sino diversidad. Esparcir a los 4 vientos semillas de amor, de inclusión, de humanismo, de equidad…

Por eso, cuando oigo esta mañana que UNICEF plantea que el tema de la niñez con discapacidad debe ser una prioridad política, y que debe constituirse en base para la construcción de la equidad; cuando veo que tienen la voluntad de recordar a las sociedades y a los gobiernos, que todos los niños, niñas y adolescentes son dignos de ser atendidos, cuidados, protegidos, sin importar cómo están sus capacidades… no puedo sino saludar esa postura, en nombre de todos los pequeños que he conocido y abrazado durante estos años de vicepresidencia. Son los únicos a los que echaré de menos en mi vida futura, alejada del gobierno.

Gracias por este reconocimiento que hoy me brindan. Tienen razón al hablar de un legado, pero no soy yo quien lo ha realizado, sino la esperanza de un futuro que nos fue abierta por todas las personas con discapacidad; por aquellas que recibieron las brigadas Manuela Espejo, en lo más escarpado de la Sierra, en lo más recóndito de la selva, en lo más alejado de nuestra Costa.

Esa visión de futuro es la que dio forma al legado que fuimos construyendo entre todos: queremos lograr una sociedad inclusiva, una educación que atienda la diversidad, empresas con personas con discapacidad en todos los niveles administrativos, parques con niños jugando sin importar cómo son, ni qué les falta.

Recuerdo un poema que habla, precisamente, del diente de león como una aureola y dice:

Aureola de plata,
buscas en mi corazón
el soplo que alce
la inmensidad de tu resplandor.

Si algún mérito tuvo la vicepresidencia es precisamente ese: haber despertado en el corazón de cada ecuatoriano, el soplo que alzara la inmensidad humana de las personas con discapacidad.

En nombre de ellas, y en especial de los niños con discapacidad, les agradezco desde el fondo del corazón.