Condecoración Fundación de la Provincia de El Oro

Cuando se me anunció que el día de hoy, aniversario de la Fundación de la Provincia de El Oro, se me iba a entregar esta condecoración, pregunté que a quién se la otorgaban. Supe que es a ciudadanos e instituciones que “han contribuido en forma sobresaliente al desarrollo socio económico y científico”, o han dado brillo al “vasto campo de la cultura y el progreso de la Provincia de El Oro”.

Es evidente, entonces, que no me están reconociendo a título personal, sino a la labor del gobierno de la Revolución Ciudadana en materia de discapacidades.
No puedo menos que reconocer el acierto del Consejo Legislativo del Gobierno Provincial Autónomo de El Oro al considerar que una labor social, como lo es la Misión Solidaria Manuela Espejo, tiene impacto decisorio en el desarrollo, la cultura y el progreso de los pueblos.
Muchas gracias. Recibo esta condecoración a nombre de los 14 millones de ecuatorianos que apoyaron, ayudaron y estimularon nuestro trabajo y, de manera muy especial, a nombre de las casi 300.000 personas con discapacidad, que nos abrieron su corazón y su esperanza de un futuro mas digno y justo para todos, sin excepciones. De ellas, 13.875 son de El Oro.
Por otro lado, no puedo dejar de mencionar que me sorprendió que ustedes hayan instituido una condecoración que no lleva el nombre de alguien, sino de un hecho histórico, como es el de la Fundación de la Provincia de El Oro.
Eso es también digno de resaltarse, porque se enmarca, coincidencialmente, en lo que ha cobijado nuestra política hacia las discapacidades.
Me explico: ustedes deben haber oído que para nosotros la discapacidad no es incapacidad, sino diversidad.
Ecuador es un país megadiverso en su ecología, en su historia, su cultura, en su gente y en sus capacidades.
Cuando entendemos la diversidad como una riqueza y no como la suma de diferencias, el desarrollo no se hace esperar.
Y si hay algo que define a esta bella y fértil provincia, por encima de muchas otras del país, es precisamente su diversidad y cómo han sabido potenciarla.
¿Qué región en el mundo tiene tantos pisos ecológicos en un territorio tan reducido? Aquí vamos del trópico del mar hasta el frío de la cordillera, en menos de un día de camino.
Los antropólogos hablan de “microverticalidad” a esta insospechada riqueza nuestra, de poder acceder a los productos de cada nicho ecológico, casi se diría, que “con sólo estirar la mano”.
Otros países han tenido una historia marcada por las conquistas de territorios, muchas veces de manera sangrienta, por la necesidad que tenían sus reyes o caciques de contar con los productos necesarios para la subsistencia de todo su pueblo.
No fue nunca nuestro caso. Por eso es que la historia de lo que hoy es Ecuador, desde los primeros habitantes, allá por el 10.000 antes de Cristo hasta la conquista inca, no es sino una sucesión de logros culturales y productivos, a cargo de cacicazgos que supieron mantener una convivencia armónica. Jamás requirieron invadir para obtener nada.
Los informes arqueológicos de esta Provincia hablan de importantes terrazas agrícolas asociadas a la cultura Jambelí hacia el 200 antes de Cristo. Son, como ustedes saben bien, grandes remociones de tierra para escalonar una pendiente y así combatir la erosión e incrementar cultivos de nuevas especies.
Por eso, no es aventurado decir que, desde siempre, El Oro ha sabido aprovechar, con amor y respeto, el planeta que han recibido en préstamo de sus hijos.
Desde la producción de camarón hasta la obtención del oro, pasando por las plantaciones de cacao y banano, los orenses son testimonio -para el país y el mundo- de cómo hay que tratar a esa bella madre que es la tierra.
Siempre que voy a una provincia hermana, reviso su historia y sus personajes, y hoy digo –con orgullo de compatriota- que la suya es una historia de raíces, con los verdaderos héroes cotidianos: aquellos que contribuyen al buen vivir de un país que los ama y admira.
Espero ser digno portador de una condecoración que celebra la fundación de una provincia tan pujante y patriota como ésta que siempre nos acoge con los brazos abiertos y el corazón alegre.
Amigas, amigos