Medalla Bicentenaria de Chile

Cuando supe que me iban a entregar esta hermosa medalla, quise conocerla. La encontré en el internet y comprobé, una vez más, que tenemos una historia compartida y un camino común entre nuestros pueblos.

La presencia de la Chacana, esa suerte de cruz milenaria de la zona andina, me reafirma que somos lo mismo, que somos los mismos.
Si recorremos nuestra región de norte a sur, veremos cómo la arqueología se va traslapando, como las escamas de un pescado, hilvanando tradiciones y elementos. Ese es, precisamente el caso de la Chacana que existe desde hace milenios en nuestros países.
Dicen los arqueólogos que es el signo del eje del mundo. Se ha dicho que, en la mitología del Ecuador, son los puntos cardinales en cuyo centro solían colocar un espejo de obsidiana para que, al reflejarse, el yo sirviera de portal. Un portal por el que se accede al flujo de energía que garantiza la continuidad de la vida, ese flujo que le da seguridad a la historia.
Eso sucedió también con la gesta libertaria. Podemos recorrer la ruta de la libertad buscando el mismo trayecto del flujo de vida que nos trae la chacana. Flujo de emancipación que repetía el hilván prehispánico.
Somos los herederos y beneficiarios de esa gesta. Siempre me pregunto qué hemos hecho para merecerlo.
Está en nuestras manos, como gobernantes o senadores, como artistas o diputados, como padres u obreros, mantener vivo el espíritu libertario que no acepta imposiciones ni violaciones a la dignidad.
Pero ese espíritu sólo podrá vivificarse continuando la hermandad de la que habla la chacana. No reconocer que nos une la historia es creer que las distintas independencias fueron hechos aislados que sucedieron por coincidencia.
No hay coincidencias, ni en nuestras vidas ni en nuestros pueblos. Ahora mismo estamos demostrando al mundo que, unidos, podemos sortear hasta las crisis más difíciles.
La verdadera libertad se logra fortaleciendo las raíces, porque de ese vigor nace el fruto que tenemos que entregar a las generaciones que vienen.
Pero ustedes saben eso, porque Nicanor Parra nos enseñó que todos tenemos un papel con esas generaciones, cuando decía que “El poeta está ahí para que el árbol no crezca torcido” y, jóvenes como somos en tanto que continente, Allende sigue más actual que nunca si recordamos su justa arenga: “Ser joven y no ser revolucionario, es una contradicción hasta biológica”.
Ustedes saben desde hace tiempo que las revoluciones suceden, y que suceden porque son el flujo de vida de estos, nuestros andinos países.
Amigas, amigos, gracias