DISCURSO DEL VICEPRESIDENTE LENÍN MORENO EN LA PRESENTACIÓN DEL PROGRAMA «ARTE POR LA PAZ» EN LA FUNDACIÓN «GUAYASAMÍN»

Viernes 5 de febrero de 2010

«Cuando veo el hermoso y significativo logotipo que han diseñado para este importante proyecto, me siento representado como ecuatoriano y como hombre de paz. Las conocidas manos de Guayasamín que liberan la paloma de la paz es una imagen que representa con exactitud lo que es el Ecuador: un país de arte y de paz.

Cuando los pueblos se hacen agrícolas, viene un tiempo de ocio entre la siembra y la cosecha que ha sido ampliamente estudiado. Por ejemplo, hay quienes dicen que es entonces cuando aparece la noción del trabajo.

La mayoría de las civilizaciones desarrollaron, en esos cortos períodos,  técnicas de avance y conquista territorial así como armas para enfrentamiento.

Pero ese no es el caso del Ecuador. Las primeras culturas neolíticas desarrollaron precisamente la paz y el arte.

Valdivia, por ejemplo, inició la tradición escultórica en el continente con las indescriptibles venus.

Chorrera inventó el molde y varias técnicas de pintura pre y post cocción para la alfarería.

Todo ese período Formativo tiene innovaciones sorprendentes como los primeros sistemas agrícolas eficientes, pues supieron combatir las sequías o las inundaciones ¡hace casi 4.000 años!

Más tarde tuvimos el primer trabajo de platino en la historia de la humanidad, en La Tolita.

(Tenemos, sí, lanzas en la cultura Puruhá. No obstante, y parece casi anecdótico, son lanzas silbadoras. Tienen una caja de resonancia entre la punta y el sitio de engaste que hace que emitan un agudo sonido cuando son lanzadas. Dice la leyenda que ¡el zumbido atemorizaba y ahuyentaba al enemigo más que el temor a ser herido!)

Nunca buscamos invadir, conquistar ni sojuzgar. Para un habitante del siglo XXI, es asombrosa la cultura de paz de nuestros cacicazgos. En las zonas fronterizas –que siempre han sido objeto de conflicto- crearon enclaves multiétnicos para explotación de la sal en Salinas de Imbabura, por ejemplo. Ahí destinaron una especie de “embajadores” que explotaban la sal y la llevaban a su territorio. No existe ninguna documentación que demuestre conflictos en esas zonas.

Gandhi nos enseñó que no hay caminos para la paz; la paz es el camino.

Y ese ha sido el transitar de nuestro país. Podríamos inclusive trazar la ruta de la paz en Ecuador para que el mundo conozca nuestro pasado remoto de paz y creatividad, nuestros ritos shamánicos de convivencia y armonía, las zonas protegidas que invitan al remanso y a la admiración de la biodiversidad, en fin… un sinnúmero de hechos y lugares demostrativos de que la paz es posible, que se la puede y debe construir.

Hace poco, David Choquehuanca, Canciller de Bolivia y profundo conocedor de la cosmovisión andina decía “Vivir Bien es leer las arrugas de los abuelos para poder retomar el camino”. Recordé mucho esa frase cuando escuchaba a Pablo sobre el proyecto “Arte por la Paz” porque ahora el gran maestro Guayasamín no sólo es el magnífico artista, sino el abuelo que nos enseña con su paleta combativa de colores ancestrales, cómo debemos retomar el camino que él trazó de arte por la paz.

No puedo sino felicitar la iniciativa y congratularme de que seamos no tanto la mitad del mundo, sino el centro de un mundo por el arte para la paz.

Quisiera que me cuenten entre los asistentes a las Conferencias de Prestigio, al Festival de Arte, a los Encuentros Diálogos por la Paz pero –sobre todo- como un alumno de la Cátedra Internacional Oswaldo Guayasamín. (No sé si seré buen pintor o artista. Nunca fui bueno en la escuela en Dibujo. Pero sí sé que quiero ser un pacificador)

Benjamín Carrión nos alentaba diciendo: «si no podemos, ni debemos, ser una potencia política, económica, diplomática y menos -mucho menos- militar, seamos una gran potencia de la cultura, porque para eso nos autoriza y nos alienta nuestra historia.»

Puedo ahora, sin ambages, y mirando con la lente del arte nuestra historia, invitarles a pensarnos también como una potencia de paz.

Alfredo Vera, Pablo Guayasamín, David Vicedo y Miguel Angel Irigoyen: tienen en sus manos la posta de nuestros mayores. La posta del Arte, la posta de la Paz. Sé que la llevarán con pasión y dedicación.

Amigas, amigos».