INTERVENCIÓN DEL SEÑOR LIC. LENIN MORENO GARCÉS, VICEPRESIDENTE CONSTITUCIONAL DE LA REPÚBLICA, EN EL EVENTO DE GALA DE LA FUNDACIÓN GENERAL ECUATORIANA

Jueves, 15 de marzo de 2007

Señoras, señores:

Saludo en ustedes una gran realidad y, al mismo tiempo, una gran promesa.

Es para mi motivo de enorme complacencia participar en esta celebración del vigésimo séptimo aniversario de la Fundación General Ecuatoriana, en compañía de un selecto grupo de empresarios que colabora con sus tareas y con invitados a quienes se aspira a incorporar a este compromiso.

 

Pocas veces me ha correspondido tratar un tema tan íntimamente relacionado con mi propia existencia. Existen hechos imprevisibles que marcan nuestra vida y pueden convertirse en oportunidades para conocer y comprender la situación de quienes sufren.

Vivir una discapacidad se constituye en un reto permanente que presenta múltiples facetas. Se entenderá que solamente quienes vivimos esa realidad sabemos bien de lo que se trata.

Hasta hace poco las entidades oficiales prácticamente omitieron sus responsabilidades frente a dicha población. Por eso es más loable que personas de enorme entereza de espíritu se hayan sensibilizado hace mucho para constituir la Fundación General Ecuatoriana.

Bajo un lema que dice todo: “Tu eres una pieza fundamental, una mano ayuda a la otra”, esta institución cumple una misión extraordinaria, orientada a incorporar personas con discapacidad al estudio, la formación y el mundo del trabajo. Nunca será más evidente que el trabajo se convierte así en sinónimo de dignidad.

Felicito a sus autoridades y miembros por esta muestra de respeto hacia los seres humanos, y particularmente al Dr. Jorge Luna Maldonado, por la noble fortaleza de su compromiso.

La reciente reforma al Código del Trabajo que exige la inclusión de personas discapacitadas en el sector público y privado, es un progreso conseguido gracias a esfuerzos conjuntos.

Por ello, tal disposición no puede quedarse en una simple declaración escrita. De allí que comprometo mi firme voluntad para que el Ministerio de Trabajo, la SENRES y el CONADIS la hagan realidad. Admitamos que, en este esfuerzo, tan importante como vencer, es convencer para que la norma jurídica sea aplicada no solamente por obligación sino con voluntad y como muestra de solidaridad. Corresponderá, no obstante, a la Vicepresidencia de la República fomentar y supervisar el cumplimiento de esa disposición legal

Estamos conscientes que este reto demanda entereza, disposición y un sentido de fraternidad. Pero sabemos al mismo tiempo la enorme riqueza que comporta el asumirlo.

Tengo la seguridad de que quienes participan por su propia decisión en estos programas, habrán sentido más de una vez que detrás de esa sonrisa o esa mano extendida para el saludo o el abrazo, se está evidenciando una inmensa gratitud, esa que reconoce cuando nos ocupamos de quienes más necesitan.

Este es el tiempo, entonces, de invitarles a todos a sumarse en esa tarea. Juntos podemos conducir a cientos de seres humanos a nuevos espacios de trabajo, de dignidad y, sobre todo, de realización personal.

Su decisión no les defraudará pues, como ya dijo el poeta: “En realidad, sólo lo que hace el hombre por enaltecer al hombre es trascendente” .