Condecoración APDH “Gracias por vivir”
Muchas gracias.
El nombre de este reconocimiento: “Gracias por vivir”, es muy significativo porque está ahí un término imprescindible para la humanidad, como es el de la gratitud.
Lao-Tse decía que “El agradecimiento es la memoria del corazón” y, si me permiten, quisiera compartir con ustedes otra faceta de ese tema.
Veo que conocen el trabajo que me tocó encabezar y al que denominamos “Misión Solidaria Manuela Espejo” y que tiene como objetivo atender –de manera integral- a las personas con discapacidad y a sus familias.
Comprenderán ustedes que, en muchísimas ocasiones, se me acercaban –sobre todo los niños- a decirme “gracias”, por la silla, el bastón o la prótesis que se le entregaba.
Mi respuesta siempre fue, y será la misma: “no agradezcan lo que hacemos, porque es nuestro deber”. Si un gobernante no atiende a los más necesitados, no es gobernante, sino un simple funcionario elegido que más vale que se vaya, y pronto.
Sin embargo, el tema va más allá: cada vez que entregamos una ayuda técnica (y son, 451.917 hasta el día de ayer, ) mi primera reacción siempre fue, y será, decirles “gracias a ti, por haberme permitido servirte”.
Servir no es tratar de impresionar. Servir es tratar de amar. Por eso, si queremos ser buenos servidores públicos, debemos primero aprender a amar.
Y, cuando lo hacemos, descubrimos que más vale dar que recibir, porque en el ejercicio de la solidaridad, quien más se beneficia, es el que da. Y es eso lo que debe ser motivo de gratitud.
Jean de la Bruyère dijo alguna vez que “sólo un exceso es recomendable en el mundo: el exceso de gratitud”.
Sería hermoso que todos tuviéramos gratitud en exceso; seríamos mejores seres humanos, y podríamos emprender la tarea encomendada con calidad y calidez.
Ustedes que trabajan con los derechos humanos, conocen –mejor que yo- la paz interior que se consigue cuando logramos defender y restituir un derecho. Ese es un gran servicio, y cuando nos cabe el honor de lograrlo, el único sentimiento que debe aflorar es el de la gratitud con quienes nos dieron ese honor.
Por eso, permíteme mi estimado Michael (Bravo), agradecer, en tu nombre, a todas las personas con discapacidad y a sus familias. Si la atención que se te brindó a través de la Misión Manuela Espejo estuvo a la altura de tus expectativas, me alegro contigo, y te expreso mi imperecedero agradecimiento.
Gracias a la Asamblea Permanente de Derechos Humanos por este reconocimiento, que lo recibo a nombre de todas aquellas personas con discapacidad que nos abrieron su vida y su esperanza.
Para eso estamos de paso en la tierra. Para entregar lo mejor de nosotros, y agradecer a quienes nos dieron la oportunidad de hacerlo.
Amigas, amigos