Condecoración Municipio de Quito

Hoy hemos sido galardonadas varias personas. Hemos escuchado los logros de cada una de ellas y resulta reconfortante constatar que, a pesar de actuar en ámbitos tan distintos como el microscopio y la batuta, todos tenemos un denominador común: estamos construyendo un país.

Hace poco, la Alcaldía lanzó una campaña con el lema “el Quito que queremos, es el Quito que hacemos”. Nada más acertado para describir e incentivar a que cada habitante conozca y descubra su parte de responsabilidad en la construcción de ciudadanía.

Desde el niño que recoge el papel que se le cayó, hasta el científico que descubre una nueva forma de procesar la basura, todos estamos haciendo nuestra parte.

Lo importante es que cada quien haga lo suyo con responsabilidad, dedicación y excelencia.

Este grupo de galardonados, a nombre de quienes se me pidió hablar, es una demostración de que vivimos una realidad de interconexiones en donde todos somos necesarios, porque nadie es menos importante que otro en el país que tratamos de edificar.

Hay tres extranjeros de otros tantos países hermanos que desde sus altas investiduras internacionales han brindando todo su contingente para que intercambiemos experiencias y aunemos esfuerzos para las soluciones a problemas similares; tres artistas que, con el trazo, la palabra y el sonido, nos regalan una perspectiva hermosa de la realidad; tres personalidades de la ciencia y la academia, que difunden y enseñan nuevas teorías y adelantos como postas que se entregan para construir un mejor futuro; dos jóvenes que, desde el deporte y la cinematografía, dan testimonio de que las nuevas generaciones quieren imprimir estilos de vida comprometidos con la superación y la verdad; dos políticos, el uno en el quehacer diplomático, el otro en la gestión local, que batallan día a día por la dignidad de Ecuador como país soberano y multinacional; una mesa que busca soluciones y mecanismos para el buen vivir; y dos personas comprometidas con el mundo de la discapacidad, ese que hasta hace poco estaba conformado por los olvidados de entre los olvidados.

Hay un hilo conductor en la gestión de este grupo de 16: trabajamos para los demás, para mejorar su calidad de vida.

En un quehacer por los otros, no existen lobos esteparios. Hasta el artista que crea en la soledad del taller, necesita de un público como contraparte de su obra.

Los científicos todavía discuten si es verdad aquello del Efecto Mariposa de Lorenz. ¿Será que el aleteo de la mariposa puede provocar un tornado en la antípoda?

Yo creo que sí. No vivimos entornos lineales sino estados combinados. Por mínima que parezca una actuación de hoy, el futuro nos traerá grandes sorpresas.

Permítanme una simulación retrospectiva o una ucronía a la inversa:

Es altamente probable que, dentro de –digamos– 20 años, en este mismo salón y con esta misma ocasión, se esté premiando a un científico que contribuyó enormemente a la salud, la ciencia o la educación. Este científico, hombre o mujer, fue analizado apenas había nacido, y se detectó su salud mental. Su aporte no habría sido posible si el viernes pasado (2 de diciembre de 20 años atrás) la Vicepresidencia y el Ministerio de Salud no hubieran lanzado el proyecto de Tamizaje Neonatal.

Estoy hablando de un proyecto que preserva la capacidad y salud mentales de los futuros ecuatorianos.

Todos vivimos cadenas de consecuencias: el ciudadano que reclama ante la falta de un servicio, aquel que coima para que se lo brinden, y el que no lo hace, generan resultados radicalmente distintos.

No podemos cambiar el pasado, pero es nuestra obligación construir el futuro cimentando el presente desde la trinchera que nos ha tocado vivir: no es más importante el escritorio que la casa, ni la pizarra que el pincel.

Por otra parte, me permití asegurar que todos somos necesarios, no por petulancia, sino porque no habríamos podido alcanzar los logros que hoy se reconocen, si no hubiéramos contado con un cúmulo de personas que brindaron su contingente.

Por ello, este estímulo nos llena de orgullo, porque no es un logro individual; recibimos el galardón a nombre de todos aquellos que hicieron posible nuestra gestión.

Señor Alcalde, señores concejales, recibimos estos reconocmientos con humildad. Con la seguridad de sabernos el resultante de mucha gente que hizo bien su trabajo y que permitió que hoy estemos aquí.

En mi caso, es el reconocimiento a las casi 300.000 personas con discapacidad que nos abrieron el camino a la esperanza de un futuro mejor, con su ejemplo, su generosidad y tesón.

Señoras, señores