Condecoración San Vicente Mártir de Latacunga

Gracias por esta condecoración. La recibo a nombre de todos mis hermanos con discapacidad que nos abrieron su vida y sus esperanzas para que pudiéramos llegar a ellos, escucharles y darles la respuesta que necesitaban.

La recibo también a nombre de todos los que participaron en la Misión Solidaria Manuela Espejo. Vale decir: a nombre del pueblo ecuatoriano, porque no hay familia en el país que no haya sido parte de “Manuela” como la llaman ahora. El trabajo realizado fue exitoso porque todos estuvieron ahí: técnicos, médicos, comunicadores, fuerzas armadas, estudiantes, amas de casa, autoridades, artistas, voluntarios nacionales y extranjeros, empresarios…. lo único que hizo la vicepresidencia fue encender la llama de la solidaridad en el Ecuador.

Esa llama se inició precisamente en esta provincia, que fue la que sirvió de piloto y ejemplo para toda la Misión.

Por eso, permítanme recibir esta condecoración a nombre de las 6833 personas con discapacidad que recibieron 11282 ayudas técnicas.

A nombre de las 363 personas con discapacidad que ya cuentan con sus viviendas dignas, accesibles y debidamente equipadas.

A nombre de las 836 personas con discapacidad severa que ya reciben su Bono Joaquín Gallegos Lara.

A nombre, y con mucho orgullo, de las 1189 personas con discapacidad que han sido incluidas laboralmente en las 535 empresas que hemos inspeccionado y visitado.

A nombre de las 17497 personas atendidas en los servicios audiológicos, de los 18609 niños y niñas que han sido tamizados en este aspecto y que, hasta este lunes 12 de noviembre, habrán recibido 872 prótesis auditivas.

Muchas gracias por esta condecoración que lleva el nombre original de nuestra querida Latacunga: “Asiento de San Vicente Mártir de Latacunga”.

Un nombre que, en este momento, cobra mucho significado y simbolismo.

Como latacungueños, ustedes deben saber que a inicios del siglo IV, Vicente, diácono de Zaragoza, sufrió la persecución y tortura ordenada por Diocleciano.

El gran poeta Prudencio describe la celda a la que arrojaron su cuerpo casi moribundo y no pude dejar de recordar los sitios en los que encontramos a muchos de nuestros hermanos con discapacidad: “un lugar más negro que las mismas tinieblas; un covacho que formaban las estrechas piedras de una bóveda inmunda; era una noche eterna donde nunca penetraba la luz”

He comentado ampliamente cómo las personas con discapacidad soportaron el olvido, el maltrato y la desidia con estoicismo, sin quejarse, sin protestar.

Debe ser porque su corazón es noble y su esperanza gigante.

De ahí que la descripción de Prudencio sobre la actitud de San Vicente Mártir durante la tortura parezca, hoy, describir esa actitud de quienes fueran los olvidados de entre los olvidados:

«Te engañas, hombre cruel, si crees afligirme al destrozar mi cuerpo. Hay alguien dentro de mí que nadie puede violar: un ser libre, sereno. Tú intentas destruir un vaso de arcilla, destinado a romperse, pero en vano te esforzarás por tocar lo que está dentro, que sólo está sujeto a Dios».

Espero ser digno de portar esta condecoración, en nombre de aquellos seres libres y serenos que, al fin, recibieron justicia.

Amigas, amigos