Condecoración Senado Chileno
Dicen los historiadores ecuatorianos que las relaciones entre Chile y Ecuador son de larga data. Para aquellos que sólo confían en las fechas, la más antigua viene del periodo incaico, con Tal-tal y con el ajuar del Niño de Cerro El Plomo que tienen una importante presencia de la concha spondylus, traída desde lo que hoy es mi patria. Interesante exportación de símbolos andinos en épocas prehispánicas.
En 1809, a poco del célebre 10 de agosto, llegó al Ecuador “El Monje de la Buena Muerte”, José Camilo Henríquez González, sacerdote, escritor, político y héroe de la independencia, nacido 40 años atrás en Valdivia. Era de aquellos encargados de ayudar a “bien morir” a los enfermos y que presenciara la masacre de patriotas en Quito, el 2 de agosto de 1810. Meses después, volvió a Chile para redactar la célebre “Proclama de Quirino Lemachez” que ustedes deben conocer bien. Ecuador le debe a este querido valdiviano la denominación de Quito como “Luz de América”.
Hacia 1822, hubo algunos soldados y suboficiales chilenos que combatieron en la batalla del Pichincha. Se trató de tropas que se sumaron a las fuerzas del general José de San Martínque lo acompañaron a Perú y luego a las campañas de Ecuador.
Particularmente meritorias fueron las acciones de algunos marineros chilenos, que sirvieron junto a los almirantes Cochrane e Illingworth en la defensa de las costas de Guayaquil.Poco tiempo después, encontramos otros chilenos en la fundación de la primera Escuela Naval de Ecuador.
De particular recordación es el Ministro Embajador de Chile en Ecuador, don Víctor Eastman Cox, buen y fiel amigo del célebre Eloy Alfaro. Hoy en día, su misión diplomática (consistente en lograr un re-alineamiento geopolítico de Ecuador en el Pacífico) es estudiada como modélica tanto en la Academia Diplomática de Chile cuanto en la ecuatoriana.
Gracias a su gestión, en Quito, la calle del Palacio Nacional (al lado de la cual, trabajo yo) es la calle Chile, y una de las avenidas céntricas de la capital ecuatoriana es la “18 de septiembre”, fecha que se celebrara con pompa de fiesta nacional en Ecuador cuando Alfaro ocupaba Carondelet, la casa presidencial que hasta ahora es el despacho presidencial.
Las relaciones de Chile y Ecuador no han sido meramente diplomáticas, sino que entrañaron siempre la calidez del amigo que acude sin que le llamen en el momento en que más se lo necesita.
Cuando, por razones políticas internas, se persiguió a don Eloy Alfaro, él buscó asilo en la legación chilena, como lo hicieron luego, cerca de un siglo más tarde, casi 300 ciudadanos chilenos que buscaban protección contra las persecuciones de la dictadura militar en 1973, y se alojaron en la residencia que hasta hoy ocupa nuestro embajador en esta tierra hermana.
Son dos ejemplos que nos permiten cantar –juntos- el himno nacional de este bello país…
Dulce Patria, recibe los votos
Con que Chile en tus aras juró,
Que la tumba serás de los libres
O el asilo contra la opresión.
Y es porque la solidaridad, amigos, es el sentimiento más noble que tiene un ser humano. Salva vidas, limpia conciencias y construye un mejor vivir para todos.
Porque, por extraño que parezca, más recoge el que da, que el que recibe.
Esa es la conclusión luego de 5 años de revolución ciudadana en el Ecuador; una revolución que llegó al mundo de la discapacidad.
Cuando asumimos el poder, constatamos que existía un sector poblacional, el de las personas con discapacidad, al que nunca se le había prestado la debida atención, como no fuera el de sumarlas y restarlas para efectos de estadísticas y prevalencias.
Cuando se diseñan políticas de estado, los tecnócratas suelen abundar en diagnósticos, estadísticas y “estados del arte”. En principio no está mal. Lo que no debemos hacer es diseñar esas políticas para encajar las soluciones en los diagnósticos o, peor aún, considerando a los seres humanos como un número, o un porcentaje o, todavía más injusto, una línea en las coordenadas x o y.
Einstein decía que “En los momentos de crisis sólo la imaginación es más importante que el conocimiento”. Y eso era lo que nos estaba sucediendo. Las personas con discapacidad habían esperado demasiado tiempo ser atendidas. Se sabía de su existencia pero no cómo era ese transcurrir de sus días. Su situación había llegado a un punto crítico.
Decidimos entonces ir a verlas personalmente. Recorrer el territorio ecuatoriano como fuera (a lomo de mula, en gabarra, por pantanos y páramos, sorteando lianas y peñascos) pero que no quedara una sola persona con discapacidad que no fuera entrevistada.
Y lo logramos, con la ayuda inicial de la hermana República de Cuba y el aporte de la de Venezuela.
Si puedo parafrasear a Marx diría que “Los tecnócratas y los funcionarios internacionales se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo”.
Las cifras de los diagnósticos no eran del todo correctas. Las grandes soluciones planteadasen los innumerables congresos, talleres, mesas de trabajo y simposios, no eran necesariamente las que iban a mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad.
Tengo la impresión de que nunca se pusieron de acuerdo en cómo abordar ese tema. Transcurrió demasiado tiempo hasta decidir qué nombre darles: minusválidos, con capacidades especiales, discapacitados, grupo vulnerable… en fin… términos que –lejos de ser acertados- evidencian hacia dónde apunta una gestión gubernamental.
Para un gobierno revolucionario, como el de Ecuador, son personas con discapacidad. Sencillo pero esclarecedor: ante todo son personas, seres humanos, hermanos que tienen un entorno familiar, social, económico, cultural, geográfico, del cual dependen y en el que impactan. Es luego, mucho después, que hay que tomar en cuenta que esas personas tienen una diferencia con el resto: sus capacidades no son iguales.
Hace algunas décadas se habló de la diversidad cultural, entendiéndose por tal la riqueza de culturas e identidades que enriquecen una ciudad, un pueblo, una nación. Con cargo a esa frase se delinearon muchas políticas identitarias, patrimoniales, investigativas, etc. Hasta que llegamos a hablar de pluriculturalidad y suscitar la interculturalidad.
Es exactamente lo que sucede con el tema de la discapacidad.
La discapacidad no es incapacidad, es diversidad.
Y así como hablamos de pluriculturalidad, debemos hablar de pluricapacidad. Y de igual forma con la interculturalidad. Ahora debemos impulsar y suscitar la inclusión social, laboral, educativa y cultural de las personas con discapacidad. Personas que, hasta entonces, habían sido los olvidados de entre los olvidados.
Fue así como nació la Misión Solidaria Manuela Espejo, (bautizada con ese nombre en honor a la primera enfermera, precursora de la Independencia en Ecuador) un proyecto que involucró a centenares de brigadistas que “peinaron” literalmente el Ecuador para ubicar, georreferencialmente, a todas y cada una de las personas con discapacidad. Las entrevistas que estas brigadas hicieron, arrojan datos biológicos, clínicos, genéticos, sicológicos, económicos y sociales de cada una de las casi 300.000 personas con discapacidad en estado crítico que habitan el Ecuador.
Con datos ciertos y mirada humana, emprendimos la atención a todas ellas. Se están entregando ayudas técnicas (bastones, muletas, sillas de ruedas, cojines y colchones antiescaras, kits para discapacidad visual, audífonos), hay un hermoso proyecto en marcha de dotarles de viviendas dignas y accesibles con menaje doméstico, y la rehabilitación y terapias especializadas están en marcha.
La Misión Manuela Espejo detectó que hay muchos hogares en los que una persona (por lo general mujer) tiene que atender a su familiar –niño, adulto o anciano- con discapacidad severa, pero también salir a buscar el alimento para toda la familia. Vimos niños y ancianos en jaulas, en huecos cavados en la tierra, en perreras…
Para que esto no suceda más, se creó el Bono Joaquín Gallegos Lara, en homenaje a un gran escritor revolucionario del siglo XX, que nació con una discapacidad. El Bono entrega a esa mujer, una cantidad similar a un salario básico para que pueda adquirir medicinas y el sustento necesario con el fin de que se quede al lado de su ser querido con discapacidad severa. El bono contempla, además, una intensiva capacitación en rehabilitación, higiene y primeros auxilios.
Hablé de diversidad y hablé de inclusión.
Si queremos una nación vigorosa, si queremos que este joven continente desarrolle sus potenciales, tenemos que construir sociedades incluyentes. No podemos dejar como legado a nuestros hijos estilos de vida que excluyan al diferente; no podemos seguir aupando que se margine al de distinto color, religión, sexo, tendencia política o sexual, mucho menos capacidad.
El otro existe, el diferente transita a nuestro lado todos los días.
Es valorando la diversidad que vamos a crecer, a renovarnos, a ser mejores personas, a legar un patrimonio de valores a las generaciones que vienen y que están a cargo de ustedes, los senadores, de nosotros, los gobernantes, de todos los que somos padres, hermanos, abuelos…
Todo esto se inició con una sostenida campaña de sensibilización. Teníamos que mostrar a cada ecuatoriano –tan crudamente como cualquier verdad-la realidad en la que vivía y que, o no conocía, o no quería ver.
Por eso es que decimos que el impacto que hemos alcanzado con este tema, no nos pertenece como autoridades. Es el producto del aporte de los ciudadanos, de la Academia, de la Asamblea Nacional, de las empresas y organismos, de los medios de comunicación, de los técnicos y científicos…
Gandhi decía que “Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado… porque… Un esfuerzo total es una victoria completa.”
Seguiremos atendiendo a esas personas y esforzandonos para que, nunca más, tengan como única esperanza la muerte.
Hace tiempo que Neruda me acompaña con su verso “Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen mas que la tuya,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha”.
Dejaré el gobierno y la vida política en mi país dentro de 17 meses exactos. Siempre creí que la vida de cada persona con discapacidad, en cualquier lugar del mundo, vale más que la mía.
Por eso vengo a participar de estas experiencias con el gobierno hermano de Chile. Espero poder demostrarles que, si sabemos cuál es el camino y la dicha de cada persona con discapacidad a la que podemos ayudar, habremos hecho que valga la pena no tanto nuestro reconocimiento en las urnas, cuanto nuestra existencia en la tierra.
Señoras, señores